domingo, caquis, membrillos y moras

14 nov

no sé si tiene nombre, pero yo le digo síndrome dominical, y ale lo sufre como muchas personas que se levantan los domingos y, sabiéndose en ese día, se deprimen per se. ayer a ale no le dio el tiempo para deprimirse. el teléfono sonó a las 9 en punto. yo estaba despierta desde hacía rato. llamaba andy, y era para él. le acerqué el celular con su ring tone violento y así se despertó, de manera violenta: ángulo recto, ojos cerrados, pelos parados. hoy es domingo?! hoy es domingo!? sí, contesté, y cortó el teléfono. le dije que lo llame a andy ya. que él mismo había arreglado esa llamada. y, obediente, así lo hizo. simuló estar despierto desde la madrugada, con voz entera y palabras seguras. cortó y se volvió a dormir.

el encuentro era a las 10.30 en la casa de andy. y a esa hora estuvimos, puntuales como dos señoritos ingleses.

fuimos con bolsas y ropa ad hoc. andy salió a recibirnos con tamiz y receta en manos. nos dio un par de indicaciones a seguir, acerca de cantidades de azúcar, harina y nueces y luego nos dirigimos a nuestros respectivos autos.

el plan era el siguiente: juntar persimmons para hacer un pudding. los persimmons son más conocidos por nosotros como caquis, aunque si me dan a elegir me quedo con el nombre en inglés. el pudding es como un budín. resulta que el año pasado probé el pudding que hizo andy y le pedí la receta, y desde aquella vez había quedado el plan pendiente que, finalmente, ayer concretamos.

antes de contarles acerca de la recolección de caquis, voy a presentarles a andy, el subjefe de ale.

andy es originalmente de mississippi, y vivió en ese estado durante la época en que los baños se dividían en “para gente de color” y “para gente blanca”. tiene poco pelo, usa anteojos, es muy flaco y muy alto. andy trabajó con radiación, y hoy su cuerpo sufre las consecuencias. es renegado, no le gustan los protocolos, nunca va a las reuniones sociales de trabajo, hace chistes, y le encanta jugar al golf. ayer nos acompañó con daisy, su perra. tammy, su mujer, se quedó durmiendo.

daisy es una de esas perras con forma de perro grande pero con tamaño de perro chico, y con muchos pero muchos kilos de más. ahora, debido a su sobrepeso, está a dieta, con mitad de ración de sus comidas y doble ración de vegetales; lo cual, según parece, no ha hecho mucho efecto todavía; daisy tiene asma y algún que otro problema para respirar.

allá fuimos, los cuatro, en dos autos, a un colegio de la calle old missouri. para llegar al objetivo, había que pasar por un alambrado de púa. era propiedad privada y a mí me encantó sentirme un poquito en argentina haciendo esas cosas impensables para nosotros, hasta ayer, por estos pagos. los árboles estaban sin hojas. los caquis, listos luego de las primeras heladas. andy nos mostró uno y nos explicó que ya estaba maduro, listo para comer. que si no está maduro y lo mordemos, se hace una pasta en la boca y nos la deja seca. andy hacía gestos acompañando las palabras. cara de pasta en la boca, cara de boca seca y  ojos fruncidos. no sé si lo hacía porque supimos transmitirle un no te entendemos nada o porque es gestudo por naturaleza. 

me acordé, en ese momento, del membrillo, de que si lo comés crudo también te deja la boca seca. también  me acordé de la recolección de moras.

ale y andy sacudían los árboles para que caigan los caquis que aún no se habían animado a largarse desde allá arriba; daisy caminaba dos pasos y se tiraba agitada a respirar, para retomar la marcha; y yo, juntaba caquis arrodillada y otra vez, pensaba en las moras. en las tardes de verano en tandil, con los tuppers, con mamá, hermanos, primos, tías y amigas. me acordé de los brazos pinchados, de mi mano estirada para intentar llegar a la mora del fondo. de mi primo comiendo en vez de colaborar. de las caras moradas. del invento que me había hecho papá con una lata y un palo para alcanzar a las inalcanzables. me acordé de la competencia: a ver quién juntaba más. la balanza en casa; el momento de pesarlas, el olor a moras con azúcar en el fuego. la tarta, el dulce, la mousse.

aplasté un caqui con la rodilla izquierda y consideré que era momento de irnos. por suerte, todos coincidimos.

y así terminó la aventura; y nos volvimos a casa, a retomar el síndrome dominical. pero ya enfocándolo desde otro ángulo: desde una mañana llena de sol, otoño, hojas secas, andy, daisy, caquis, membrillos y moras.

bingo, sopa y ananá

31 oct

Ayer, domingo a  la tarde, tuvimos el cumpleaños de Duyen. Pero antes de pasar a relatar la efímera, aunque suficiente, inmersión cultural que vivimos, les quiero presentar a la anfitriona. 

Duyen –que se pronuncia iuen- trabaja en el mismo lugar que Ale. Es de Vietnam y su gobierno le paga para poder venir a estudiar; a cambio de eso, ella luego deberá devolver el gesto trabajando para su país. Su máster es acerca de tomates,  aunque confieso que nunca entendí bien de qué se trata.

Duyen cumplió 27 años pero parece que tuviera 20. Es de baja estatura y delicada. Su pelo negro le llega a los hombros, y tiene una sonrisa fácil y contagiosa. Habla un inglés simpático, por no decir casi incomprensible, y cuando le pedimos que repita algo con cara de realmente no te entendimos nada, se ríe como un cascabel.

El plan anunciado era el siguiente: vengan el domingo a casa, voy a comprar pizzas y vamos a jugar al bingo. A las 5, sí. Ale me lo contó entre risas, pero con cara de espanto. No podemos no ir, dijo para convencerse y esperando a que yo le dijera sí, podemos no ir. Pero, por el contrario, le dije un firme claro que no  y salí a comprar un bingo de regalo para Duyen.

Allá fuimos, con el domingo al hombro, el bingo en una mano y un pack de 6 cervezas rompehielos en otra. Como buenos argentinos que somos, en vez de a las 5, llegamos a las 6. Un poquito sin querer y otro poquito queriendo.

Primera imagen, zapatos y ojotas al lado de la puerta. Mi comentario: ni pienso sacarme las zapatillas. Mi pensamiento: mamá diciendo siempre tenés que tener ropa interior sana, mirá si tenés un accidente. Mi conclusión: tengo que tirar, definitivamente, todas las medias con agujeros.

 

Abrió la puerta la cumpleañera. Los estábamos esperando, dijo contenta. Y acto seguido nos miró los pies. Tuve que ceder ante la mayoría. Eran ocho caras atentas  y 16 pies descalzos, no podíamos decir que no. Cinco de Vietnam, una de Filipinas, otro de Malawi y el octavo, que nunca supimos de qué país era.

En el ambiente había mucho olor a pescado, así que opté por rendirme por completo ante la experiencia oriental que estábamos atravesando y así lo hice. Me salió bien. La sopa de arroz, pescado y hongos, debo confesar, estaba deliciosa. La pizza con ananá, no tanto.

En el medio de un silencio ensordecedor, Duyen tomó el control de la fiesta y anunció el bingo. Habrá un intervalo en el medio, para comer la torta, y luego, la segunda parte del juego.

Había premios, Ale ganó dos veces de las seis rondas y yo, como siempre, ninguna. Mientras jugábamos, me acordaba del bingo que se hacía en Normal para juntar plata y de las viejas llenando cartones, gritando línea y comiendo tortas que habían comprado en la feria del plato. Me gustó el recuerdo y le agradecí a Duyen en silencio por eso.

Terminó la última ronda y Ale, ni lerdo ni perezoso, dijo vamos. La dueña de casa, tampoco lerda ni perezosa, lanzó un gracias por venir a todos y después un quieren llevarse torta? que no dejó lugar a dudas de que ese era el final de la fiesta. Nos fuimos, previa repartija de tres personajes que nos guiaban desde el asiento de atrás, en un inglés más simpático que el de Duyen, con un GPS en su celular y que agradecían a este tal Steve Jobs que yo conocí después de su muerte.

Una vez solos en el auto, le comenté a Ale, contenta, que había sido una linda experiencia, distinta a lo que estamos acostumbrados; y que además era lindo que nos invitaran y que nos tuvieran en cuenta. El me miró serio, mientras manejaba, fumando un Marlboro argentino y con Los Pericos de fondo, y me dijo: sí, pero no tan seguido.

chili, pantuflas y cranium

21 feb

la invitación de penny venía siendo postergada desde el año pasado. hasta que, sin más excusas al alcance de la mano, se hizo impostergable y, entonces, allá fuimos.

los pongo en autos: penny es la recepcionista del lab donde trabaja ale; la misma que pone brownies en su mostrador, a modo de carnada, para atrapar a las presas que por ahí pasan. es una mujer de unos 50 años, con mucha curva; tiene unos rulos divertidos que le llegan al hombro y que alguna vez fueron castaños pero que, ahora, son rubios. sus ojos son celestes y  grandes como su boca, que siempre está sonriendo. penny es, toda entera, una sonrisa gigante.

la propuesta, en concreto, era que fuéramos a comer a su casa: ale, pratap -su compañero  de nepal- y yo. y tras realizar la oferta, parece que penny agregó: quiero conseguir una película para que veamos todos. si la consigo, habrá chili y luego película con popcorn.

pratap ya había ido una vez con los chicos de la india a comer a lo de penny que, por lo visto, disfruta mucho de invitar gente a su casa. para nosotros, era todo un debut.

por fin llegamos los tres, con postres en nuestras manos. la casa queda en springdale, un pueblito pegado a fayetteville, a diez minutos por autopista.

bajamos del auto y empezaron a ladrar dos perros. uno de temer, el otro no tanto. estaban sueltos y desenfrenados pero no se acercaban. epa, pensé yo: acá pasa algo raro. y lo raro no era más que un ultrasonido al ras del piso que aturde a los canes hasta la sordera. 

 

penny nos dio la bienvenida con un abrazo envolvente a cada uno. a su lado, canoso y con candado, estaba micky, su marido. la casa de afuera es muy linda; de madera blanca, con una galería, como las que se ven en las películas. adentro es muy cálida; está invadida por colores y no queda espacio en las paredes para nada más.

ni bien nos acomodamos en los sillones del living, entró en escena, y descalza, jennie; la hija mayor. una rubia con anteojos y forma redondeada; súper simpática y de lo más charlatana.

 

luego de señalar a la argentina en un globo terráqueo que micky apoyaba en su panza para hacerlo girar, y tras comentar acerca del lenguaje, la diversidad de clima y los orígenes hispanos de nuestro país, nos dirigimos al sector comedor, donde disfrutamos  de un delicioso chili, del cual ahora somos casi expertos.

penny contó que según la región, cómo esté hecho. y que cada uno define al propio como el mejor. el de ella era con carne de hamburguesa; es que acá a la carne picada se le dice, rotundamente, carne de hamburguesa.

 

acto seguido,  tras agradecerle a dios por nuestra presencia y por los alimentos, hubo una clase magistral de cómo comer el famoso chili, y nosotros tres fuimos alumnos ejemplares. pusimos en el plato unos chips -frituras crocantes, bah-, después lechuga, y arriba el chili. algo que todos evitamos: jalapeños y cebolla; y por último, como frutilla del postre, queso cheddar rallado. para acompañar el delicado plato, había pan de maíz y manteca. la limonada en una jarra panzona, acompañó la velada.

 

luego de la comilona, como penny no había podido conseguir la película, nos tocó en suerte una sesión de cranium, un muy divertido juego de mesa. ale y yo, micky y jennie, pratap y penny. las tres parejas sentadas en la alfombra, luciendo dedos, medias y pantuflas, competimos durante una hora, dibujando,  silbando, haciendo mímica y adivinando. con algunas dificultades e impedimentos de lenguaje por parte de todos, pero con muchas ganas de pasarla bien.

y eso fue lo que hicimos, en definitiva, comer como dios manda en este país del norte pero, por sobre todo, pasarla muy bien.

casi pero no del todo

19 nov
 
hacía más de cuatro años que no sentía nervios pre-examen, ya que esa es la cantidad de tiempo que pasé sin rendir uno; de ningún tipo.
la cosa arrancó temprano. fernando me llevó a las 8 a la seccional de springdale, un pueblo ubicado a pasitos de fayetteville. hoy, era el día del test teórico para sacar el carnet.
 
el señor, sentado atrás del mostrador y con cara de empleado público me dijo: te falta el I-20 y casi casi se le escapa una sonrisa. el I-20 hasta hoy a la mañana, para mí era tan sólo un papelito que tuvimos que llenar para sacar la visa. pero, se ve que las cosas no son lo que parecen y ese papelito es, básicamente, imprescindible a la hora de hacer algún trámite legal por estos pagos. eso me explicó fernando al escuchar lo que me faltaba y, consecuentemente, lo que teníamos que volver a buscar.  mientras subíamos al auto, con las cejas levantadas y con tono alarmista, el tucumano agregó nuuuuuuunca-lo-saques-del-pasaporte.
  
 
así que partimos en busca del bendito papel; de regreso a casa y después al laburo de ale y con ale los tres a casa, porque yo sola no lo encontraba. acá está dijo alejandro que, como todo hombre, pocas veces encuentra las cosas, pero esta vez lo logró. y me corresponde admitirlo.
 
 
yo insistí y le dije al tío -anteriormente mencionado por su verdadero nombre, fernando- que volviéramos otro día. que no perdiera más tiempo. que ya era tarde. que no quería ir a rendir.
 
que estás loca. que vamos. que ya te preparaste, que sacatelo de encima de una buena vez.
 
en fin, nada de lo que dijo el tío pasó. es decir, lo preparé, pero se ve que no tanto y, a causa de ello, no me lo saqué de encima de una buena vez porque, queridos todos, no me fue mal: me fue peor.
 
 
era la única persona dando el examen. me tocó la máquina siete. el señor que antes no sonreía, ahora quería ser mi amigo y cada tanto me hablaba en español. me explicó el modus operandi del asunto, me sopló la primera respuesta y me largó como a un pichón que recién sale de su primera clase de vuelo.
 
la prueba es multiple choice, de 25 preguntas, y si fallás en 6, te fuiste. en la número 20, mi máquina hizo un alto y me regaló un cartel que decía sofía rojo: no ha pasado el examen. en realidad, en ese momento prefería que la computadora me dijera las cosas como eran, pero se ve que no se animó y, entonces, las dije yo. NO PUEDO SER TAN PELOTUDA.
 
 
llegué a casa, saqué un mosquitero y entré por la ventana, ya que me había olvidado las llaves adentro. me senté en un sillón y me puse a llorar. estaba hirviendo de la calentura. me pregunté en cuál pregunta podría haber fallado, si en la del alcohol en sangre, la del punto ciego de los camiones, la de las luces bajas y los pies, la de los chicos calcinados en los autos por el calor, o la de qué  hacer cuando pasa un tren.
 
no llegué a ninguna conclusión y, en cambio, me acordé de la vez que saqué el examen en tandil, donde tuve que diferenciar lomo de burro de badén, y manejar una vuelta a la manzana, o como mucho dos. y que, después de la vuelta yo, súper estresada, le pedí al instructor que por favor no me hiciera estacionar. y no estacioné.
 
y, entonces, imaginé que si tan sólo la máquina siete se hubiera copado como aquel instructor, yo ya tendría la mitad de mi carnet y la vida en este país sería tanto menos complicada.
 

impúdica

9 nov

 

cuando di mi última brazada para llegar al borde, me di cuenta de que me quería hablar a mí. era uno de los tantos guardavidas que vigilaban las aguas de la pileta a la que empezamos a ir con ale esta semana; la de la universidad. 

el chico estaba en cuclillas, con los codos apoyados en su salvavidas que, en este caso no era redondo, sino rectangular. cara de adolescente y lleno de vergüenza me dijo, en un tono suave, una frase un tanto larga que nunca entendí. le pedí perdón en inglés para que me la repitiera, mientras me levantaba el gorro, me sacaba las antiparras, y me disponía a prestar atención. por la cara de circunstancia del adolescente supe que la cosa venía en tono serio. 

de nuevo, tomó coraje y, entonces, arrancó; las dos palabras más importantes que logré rescatar de todo lo que dijo fueron rude -rudo- y bottoms -trasero-. en resumidas cuentas, lo que me pedía era que, por favor, para la próxima vez viniera un poco más cubierta en la partes inferiores y traseras de mi cuerpo; las nalgas tapadas, bah.

al instante, se sumó a la conversación ale, que venía nadando conmigo en el mismo andarivel. y me preguntó atónito qué estaba pasando. yo, entre risas y atónita también, le dije: básicamente, me tengo que tapar un poquito más el culo. acto seguido, el pibe agregó que no quería ser rudo que no era personal que yo no había hecho nada malo contra nadie y que podía terminar mi actividad tranquila.

de más está decir que seguí nadando, aunque con poca tranquilidad. un tanto desconcertada, y con cierto pudor, imaginando curas tirándome agua bendita, viejas persignándose en alguna rincón del lugar o señores molestos hablando en lenguas extrañas.

nadaba perturbada mientras miraba la cruz negra, dibujada con venecitas al fondo de cada andarivel, en este caso el mío. pensaba en dios, en la virgen y en los puritanos que portan banderas, cruces y armas. pensaba, entre brazada y brazada, dónde demonios -siguiendo el hilo de la conversación- iba a conseguir un tapa nalgas con onda pero, sobre todo, tan grande. y, finalmente, para distraerme aunque no tanto, sacaba  cuentas de la cantidad de padrenuestros que  rezarían estos cristianos si llegaran a la bristol en plena temporada.

 

en fin, me retiré del natatorio, sin pena ni gloria, con mi bikini que, debo confesar, es más de señora de 60 que de cualquier otra cosa. aunque, en cierto modo, partí conforme; entendiendo un poco más a este país donde pueden ser libres todos pero, cuidado, nada de andar mostrando sus bottoms.

imperio, zapallos y satanás

8 oct

aquí estoy; tal como me ven, envuelta en una telaraña de utilería.

 

 

rendida, de rodillas, ante el imperio. diciéndole sí a algo que nunca hubiera imaginado le iba a decir sí.

sí a halloween. sí a abrirle la puerta a niños gorditos con manos convertidas en pinzas, y bocas chorreando caramelo y chocolate. sí y más sí al trick or treat.

 

 

yo no sé ni cómo terminé parada en una silla, colgando un esqueleto de un gancho que andaba solitario en una pared. o qué me llevó a detenerme en la góndola del supermercado para comprar golosinas y vampiros que dan vueltas con el viento.

 

 

 

tampoco sé, para ser coherente con mi postura, ni dónde ni por qué arrancó esto de, entre otras cosas, zapallos sin dientes iluminando un jardín.

 

 

y así, fue ante mi desconocimiento que, con una intriga bastante poco intrigada, me metí en google, escribí origen de halloween y me conformé con la primera página que apareció en la lista.

 

pasé por encima los datos de los celtas, los druidas, el dios de la muerte, samahin, satán, la calabaza, el nabo, la celebración, los hechizos, y me detuve en la última parte del texto. ya que fue ésta, la única que me provocó una carcajada silenciosa.

 

la nota la escribió un pastor en www.elredentor.com y pueden verlo con sus propios ojos, o bien conformarse con lo que a continuación pego:

 

 

NUESTRA POSICIóN COMO CRISTIANOS

1. La fiesta de Halloween, es una fiesta dedicada a Satanás y a sus demonios y no consideramos que sea una opción para divertimos. “Y no participéis en las obras de las tinieblas, sino mas bien reprendedla” Efesios 5:11

2. Es una fiesta que además apela al consumismo y promueve valores extraños a nuestra cultura.

3. Creemos que lo importante no son las expresiones externas de la fiesta, sino lo que se esconde tras ellas: la adoración a Satanás.

4. Sostenemos firmemente que el único digno de adoración es JESúS, el hijo de Dios.

 

La Diversión A Expensas De Servir al Demonio No Es Verdadera Diversión!

 

y luego de esta lectura sí, entonces, queridos amigos, puedo confesar que me siento un poquito más conmovida con la causa. y además, de una manera u otra, logré entender un poco, aunque no del todo, cómo es que terminé parada en aquella silla, decorando mi casa con esqueletos, arañas, vampiros y zapallos; y por qué es que estoy tan ansiosa porque llegue el día de la adoración.

  

  

se me escapó la tortuga

30 sep

y me refiero a los dos sentidos. el literal y el figurado. en cuanto al primero, puedo decir que ayer se me escapó una tortuga.

salí por la mañana a buscar unas hojas de lechuga de mi huerta – o lo que queda de ella- y al abrir la puerta, lo primero que vi fue esto:

por lo que pude averiguar, es una clase de tortuga salvaje. se llama box turtle o tortuga caja, bah. y parece una nave espacial. la diferencia es que, en lugar de que bajen marcianitos, de la nave bajan la cabeza y las patas del animal.

entusiasmada, enseguida armé una especie de cerco y le di un pedazo de durazno que ignoró con altura. ella estaba asustada; yo, feliz de tener una mascota silenciosa y sin pelos en casa. porque, como resultado de ser hija de mi padre, esas son las únicas mascotas que hoy me gustan. las que no ladran no tienen pelos ni se te acercan para que les acaricies el lomo o la cabeza.

la tenencia fue efímera, duró menos de veinte minutos. cuando me acordé de que la tortuga era un ser vivo y quizás, en lugar de durazno, prefería tomar agua, fui a llevarle un plato lleno de líquido transparente, pero ya no estaba más.

 

ahora bien, en cuanto al sentido figurativo, la frase encaja de manera perfecta en lo que relataré a continuación.

hoy, ale tenía una presentación en su clase de -valga la redundancia- presentación científica. ayer, en su prueba de vestuario -traje- ale comentó como al pasar, aunque no tanto: la camisa está un poco arrugada, no? a lo que yo respondí un mmmm exageradamente estirado y después agregué: puede ser, aunque si arriba va el saco… es lo mismo, no creés? y seguí de largo.

evidentemente  él no creía lo mismo, ya que volvió a insistir: me parece que habría que plancharla. y ante mi silencio dijo: cuando vuelva del laburo la plancho. buenísimo! le dije, canchera, ni lerda ni perezosa.

anoche, el tema  camisa no se volvió a tocar. y yo, atribuyéndome la victoria, decidí no mencionarla por si de rebote me tocaba plancharla a mí. y acá, queridos amigos, es donde se me escapó la tortuga simbólica.

porque hoy a las ocho de la mañana, ale con tono de circunstancia gritó desde el baño: me olvidé de planchar la camisa!! la clase era a las doce. y ale se estaba yendo, tarde, a trabajar. los tiempos no daban. saqué la cuenta: dos más dos cuatro. ok, yo te la plancho. y heme aquí, aceptando la derrota.

planché por primera vez una camisa, luego de tomar la clase -via skype- con mirta:


y saqué dos importantes conclusiones. la primera: si encontrás una tortuga salvaje y querés adoptarla como mascota, debés encerrarla en una jaula y, en lo posible, con candado; para que no se te escape. la segunda, si tu marido te dice: cuando vuelva del laburo la plancho; con una sonrisa gigante y un tono súper amable decile: no mi amor! cuando vuelvas vas a estar muuuuuy cansado, mejor planchala ahora.

a caballo regalado

30 ago

El jueves a la tarde fuimos a la Free Yard Sale. Algo así como una Venta de Jardín Gratis. Paradójico, pero real.

Famosa y esperada por muchos, en esta ciudad, la feria es organizada exclusivamente para estudiantes nuevos. Los viejos, a la cola.

Para que se la imaginen la cosa funciona más o menos así: En el jardín externo de una casa, ubicada en una esquina, se despliegan todo tipo de mercancías. Desde colchones y sábanas, hasta microondas y televisores, pasando por pelapapas, servilletas o canastos para el pan.

La casa es de Tim. Un hombre que pesa más de 150 kilos y vive con su familia. Tim mira serio el panorama; está sentado en una punta estratégica sobre una banqueta reforzada que lo sostiene con dificultad. Su remera pintada con los colores del arco iris, le dan un aspecto simpaticón, pero Tim no sonríe nunca.

Todo está ahí, a la espera de una seña del jefe que active una voz de mando que diga Now! Las cintas atadas a sillas, haciendo de vallas protectoras, desaparecen en ese preciso instante. La gente se abalanza sobre muebles y utensilios. Algunos se acuestan en un colchón, otros se acomodan en los sillones y estiran las piernas, acaparando una mesa ratona. Están los que cuelgan su campera en el perchero, a modo de reserva y los que ponen en cajas de cartón lo que van juntando.

 

Así, se puede disfrutar de un paisaje extraño, pero atractivo. Una chica aferrada a un acolchado de peluche fucsia y otra que la mira con cara de puaj. Cosas muy usadas con olor a mucho tiempo y otras casi nuevas con olor a casi nuevo.

Los chicos con los que fuimos se llevaron, entre otras cosas, una Polaroid que quizás nunca ande.

Nosotros, por nuestro lado, partimos con un talco tamaño miniatura, una azucarera, moldes para tortas, fósforos, cuchillos, vasos, tazas y, fundamental: un modernísimo set para limpiar armas. Ahora sí, estamos hechos; no nos falta nada.

 

 

utilísima

23 ago

hoy les voy a dar unos pequeños consejos para lograr que la uña del dedo gordo del pie vuelva a su lugar de origen:

luego de que la noche anterior, alguien sin darse cuenta le diera una patadita y la dejara así:

 

antes que nada, tomar un coctail de pastillas de colores. en su preferencia, elegir esas que tienen una gran lista de contraindicaciones. es imprescindible dormir bien.

a la mañana siguiente, preparar un bowl con agua y mucho hielo, y sumergir el dedo ahí. dejarlo un  largo rato, hasta sentir que está anestesiado.

en caso de desconfiar de la anestesia casera, morder bien fuerte un pedazo de madera o, en su defecto, un repasador.

sacar el pie del agua helada, hacer presión con las manos hasta bajar la uña lo máximo posible.

luego, envolver el dedo con una venda y cinta de la que tengan a mano. en mi caso, cinta de pintor.

por último, embellecer el pie lastimado con una media, por ejemplo, de color gris.

y fundamental: organizar un plan al aire libre, en lo posible con agua. pasar gran parte del día con el pie sumergido.

las piedras, un golpe con un remo, los troncos y un sacudón en el bote, harán lo que falte.

Voilà

más vale tarde que nunca

16 ago
mamá me dijo más de una vez: vos nunca aprendas a hacer de todo. creo que era una frase que usaba su abuela y mamá la aplica, habitualmente, cuando papá hace un asado; ¿asado? no tengo ni idea cómo se hace, ni tampoco pienso tenerla.
debo confesar que no aprendí muy bien la lección que mi madre quiso inculcarme; aunque ayer, por primera vez, la llevé a la practica.    
 
eran las 11 de la mañana. con ale fuimos a regar las plantas de su proyecto y de ahí, partimos rápido a almorzar a lo de fernando, un tucumano al que conocimos hace unos días en el walmart. pasamos cerca de donde él estaba y nos escuchó hablar; enseguida nos preguntó si éramos argentinos; ante nuestro sí, lo miró a ale y le preguntó si era alejandro; ahí arrancamos. hablaron de soja por más de media hora y esa misma noche nos vinimos los tres a casa a comer un asado.  
  
fernando es muy simpático y también muy tranquilo. dice has visto? a modo de muletilla; machado en vez del mamado que nosotros conocemos y habla con la r convertida en ye. su canto no es tan pronunciado como el de los cordobeses, pero se le parece bastante.  
  
 
llegamos temprano al departamento treinta y pico de la calle storer donde, en lugar del tucumano, nos esperaba un cartel.

entramos y, casi sin dudarlo, atacamos las deliciosas empanadas de pollo, tal como el dueño de casa había indicado.
  
 
  
al rato llegó el anfitrión  y nos dispusimos los tres a pasarla bien y, cómo no decirlo, a disfrutar de un increíble banquete compuesto por empanadas, canelones de espinaca y budín de pan de postre. yo tomé agua; los chicos, vino argentino.
 
 
 
después de charlar largo y tendido acerca de varios temas y esquivando casi del todo el que más les gusta, nos fuimos. había que volver a regar.
 
 
saludamos a fernando  y le agradecimos por lo lindo que lo habíamos pasado. 
ale no disimulaba su sonrisa morada y yo, mientras manejaba, no disimulaba mi orgullo de haberlo logrado. de no haber pedido ninguna receta; de no haber preguntado ni siquiera cuál era el secreto.
 
 
¿empanadas tucumanas? ¿budín de pan? ¿canelones de espinaca? no, no tengo ni idea cómo se hacen, ni tampoco pienso tenerla.  
 
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